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Por qué se regalaba albahaca y canastos de frutas en Navidad

 

El término de la Primera Guerra Mundial y la creciente influencia de Estados Unidos cambiaron para siempre el modo campesino y festivo con el que se celebraba la fecha en Chile.

 

Una Navidad al estilo de Fiestas Patrias, ¿te lo imaginas? Ahora cuesta visualizar la Nochebuena sin un árbol de Pascua, sin regalos y lejos de la familia, pero los antepasados la vivían de una forma completamente distinta y mucho más chilena que ahora.

 

Para llegar a la escena de hoy en los hogares chilenos, esta fiesta sufrió drásticos cambios que dejaron relegadas las tradiciones chilenas. El término de la Primera Guerra Mundial y la creciente influencia de Estados Unidos en nuestras costumbres, impactó en una sociedad que tenía un vínculo estrecho con el campo.

 

“Antes la Navidad era totalmente chilena, igual que el 18 de septiembre. La gente ponía banderas, comía empanadas y armaba ramadas. Y como ofrenda para el niño Jesús o como regalo entre pares, se regalaban canastos de frutas, y los mismos dichos chilenos se adaptaron a la Navidad, por ejemplo los primeros villancicos decían ‘acá vengo la huasita a dejar esta ofrenda’”, describió la celebración Olaya Sanfuentes, doctora en Historia del Arte y académica del Instituto de Historia de la UC.

 

El canasto de frutas era sagrado para esa época (siglo XIX) y era una tradición que se daba por la temporada estival. Maximiliano Salinas, académico del departamento de Historia de la USACH explicó que la fiesta de Navidad para el hemisferio sur, se ubica en el calendario cristiano y solar en el solsticio de verano, por tanto se celebra en el contexto del renacimiento de la naturaleza.

 

“Los canastos de frutas son una forma chilena de sacar los primores, la fruta turgente para regalar y ofrendar. Son frutas que están desde siempre, duraznos, damascos, peras de la virgen (pequeñas), todos tenían un patio donde se daban estos árboles frutales y las sacaban para regalar en Navidad”, agregó Sanfuentes a Soychile.cl.

 

Destaca también en la época regalar un ramito de albahaca o un clavel a las niñas que asistían a la fiesta popular, con el fin de piropear a las mujeres, “tiene sentido con que la Navidad era la fiesta de ‘todos los sentidos’, de probar cosas, de embriagarse y del renacer”, indicó la académica.

 

El tiempo en el que se llevaba a cabo la celebración de Navidad también era diferente. Comenzaba el 16 de diciembre con el rezo de la Novena, cuando mujeres y niños se juntaban en la casa o conventos a rezar. Y en espacios públicos se festejaba desde el 20 de diciembre al 6 de enero con la Fiesta de los Reyes. En Santiago, el escenario para esta celebración era la Alameda.

 

El cambio vino luego por una suma de factores. El mismo hecho que la festividad fuese duradera, generó desórdenes públicos y provocó que fuera necesario legislar y poner reglas a esta fiesta popular, a ello se suma que la elite colonial se separa de la urbe y sólo socializan entre ellos.

 

A este quiebre se sumó la llegada de la publicidad al término de la Primera Guerra Mundial, donde se piden los primeros regalos, se conoce a los primeros “Viejitos Pascueros” y todo se comercializa.

 

Maximiliano Salinas agregó que en medio de esta comercialización, al Viejo Pascuero se le pueden pedir incluso armas de fuego, “cosa que contraviene el espíritu de paz que cantaron los ángeles en Belén”.

El término de la Primera Guerra Mundial y la creciente influencia de Estados Unidos cambiaron para siempre el modo campesino y festivo con el que se celebraba la fecha en Chile.

 

Una Navidad al estilo de Fiestas Patrias, ¿te lo imaginas? Ahora cuesta visualizar la Nochebuena sin un árbol de Pascua, sin regalos y lejos de la familia, pero los antepasados la vivían de una forma completamente distinta y mucho más chilena que ahora.

 

Para llegar a la escena de hoy en los hogares chilenos, esta fiesta sufrió drásticos cambios que dejaron relegadas las tradiciones chilenas. El término de la Primera Guerra Mundial y la creciente influencia de Estados Unidos en nuestras costumbres, impactó en una sociedad que tenía un vínculo estrecho con el campo.

 

“Antes la Navidad era totalmente chilena, igual que el 18 de septiembre. La gente ponía banderas, comía empanadas y armaba ramadas. Y como ofrenda para el niño Jesús o como regalo entre pares, se regalaban canastos de frutas, y los mismos dichos chilenos se adaptaron a la Navidad, por ejemplo los primeros villancicos decían ‘acá vengo la huasita a dejar esta ofrenda’”, describió la celebración Olaya Sanfuentes, doctora en Historia del Arte y académica del Instituto de Historia de la UC.

 

El canasto de frutas era sagrado para esa época (siglo XIX) y era una tradición que se daba por la temporada estival. Maximiliano Salinas, académico del departamento de Historia de la USACH explicó que la fiesta de Navidad para el hemisferio sur, se ubica en el calendario cristiano y solar en el solsticio de verano, por tanto se celebra en el contexto del renacimiento de la naturaleza.

 

“Los canastos de frutas son una forma chilena de sacar los primores, la fruta turgente para regalar y ofrendar. Son frutas que están desde siempre, duraznos, damascos, peras de la virgen (pequeñas), todos tenían un patio donde se daban estos árboles frutales y las sacaban para regalar en Navidad”, agregó Sanfuentes a Soychile.cl.

 

Destaca también en la época regalar un ramito de albahaca o un clavel a las niñas que asistían a la fiesta popular, con el fin de piropear a las mujeres, “tiene sentido con que la Navidad era la fiesta de ‘todos los sentidos’, de probar cosas, de embriagarse y del renacer”, indicó la académica.

 

El tiempo en el que se llevaba a cabo la celebración de Navidad también era diferente. Comenzaba el 16 de diciembre con el rezo de la Novena, cuando mujeres y niños se juntaban en la casa o conventos a rezar. Y en espacios públicos se festejaba desde el 20 de diciembre al 6 de enero con la Fiesta de los Reyes. En Santiago, el escenario para esta celebración era la Alameda.

 

El cambio vino luego por una suma de factores. El mismo hecho que la festividad fuese duradera, generó desórdenes públicos y provocó que fuera necesario legislar y poner reglas a esta fiesta popular, a ello se suma que la elite colonial se separa de la urbe y sólo socializan entre ellos.

 

A este quiebre se sumó la llegada de la publicidad al término de la Primera Guerra Mundial, donde se piden los primeros regalos, se conoce a los primeros “Viejitos Pascueros” y todo se comercializa.

 

Maximiliano Salinas agregó que en medio de esta comercialización, al Viejo Pascuero se le pueden pedir incluso armas de fuego, “cosa que contraviene el espíritu de paz que cantaron los ángeles en Belén”.

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