¿Comemos peor en invierno?

Resultado de imagen para personas consumiendo sopaipillas empanadas de queso y calzones rotos bebiendo cafe

Harinas refinadas, grasas y azúcares. O, traducido a comida elaborada: facturas, chocolates, guisos y pastas con salsa. Es invierno y el cuerpo lo sabe. Abandona las verduras, y frutas frescas y proteínas magras y empieza a pedir comidas hipercalóricas, raciones bastante más abundantes y modos de cocción enemistados con la salud como las frituras.

“Necesito calentarme”, “el cuerpo me lo pide”, “hace frío y puedo permitírmelo” o el remanido “en invierno el gasto calórico es más grande” son algunas de las frases en las que se ampara el común de los mortales para justificar semejante banquete invernal. Pero ¿cuánto hay de mito y cuánto de realidad detrás de esta conducta alimenticia? ¿Es cierto que en los meses más fríos necesitamos calorías extra? ¿O, simplemente es una de las tantas ideas que subsisten de nuestros parientes prehistóricos que todavía nos resistimos a soltar?

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