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Columna de Opinion: Edwards y la Fronda Golpista

Desestabilización, Golpe de Estado, Dictadura Cívico Militar, Obra de la Dictadura: Constitución de 1980 y modelo Neoliberal, Transición a la Democracia, actualidad.

Si consideramos la secuencia anterior, en nuestra mente se cruza la imagen indolente de uno de los magnates más influyente de la historia reciente: Agustín Edwards. Y digamos también, que de la historia de Chile en los últimos 150 años aproximadamente.

Sí, los Edwards nos han acompañado en dos tercios de nuestra historia. Son cinco las generaciones que han incidido y conspirado en la política nacional. Son parte del legado directo del oligarca Diego Portales, con esa visión de orden, autoritarismo y control de intereses. Evidenciamos su actuar –por ejemplo- en el contexto de la Guerra Civil de 1891 y la caída de José Manuel Balmaceda, y en lo más reciente de nuestra historia: durante la Unidad Popular.

El quinto Agustín Edwards, junto a la CIA, y por medio de su histórico diario el Mercurio, fueron cómplices activos del proceso desestabilizador del Gobierno de Salvador Allende. Convocó abiertamente a la intervención de los militares para acometer el Golpe de Estado. Para ello utilizó todo su estructura comunicacional con financiamiento directo del departamento de Estado Norteamericano. Y luego de ello, actuó como vocero comunicacional de la junta militar, pues desde el Mercurio y el resto de medios comunicacionales que posee a su haber, contribuyó a las falacias que levantó el régimen para legitimarse y por cierto, para emprender la política de la desinformación construyendo una realidad imaginaria.

Esta semana dejó de existir, y con él termina de algún modo, la descendencia tradicional que ha seguido a la familia Edwards desde el siglo XIX. Y con él se va también parte de la historia más oscura de nuestro país.

Quienes lo despiden con gran algarabía, son esos mismos que incentivaron el golpe, que trabajaron políticamente para la dictadura y que engordaron sus costales con dinero sucio.

Queda una sensación amarga, pues Agustín Edwards nunca enfrentó la justicia para responder como agente directo del golpe y la dictadura. Y queda esa sensación amarga más aún, cuando en 20 años de concertación, esos mismos que fueron atacados por el Mercurio durante el régimen, se sentaron en la mesa con Agustín, ocuparon de sus medios, tuvieron cargos de importancia en sus medios, fueron parte de la patética Fundación Paz Ciudadana, y jamás esbozaron siquiera una palabra para exigirle responder por las responsabilidades asociadas a la dictadura cívico militar. Es más, Edwards se fortaleció con la Concertación, y ha sido escenario permanente del debate político los domingos en nuestro país, dando el espacio necesario para la expresión del duopolio pesado y pasado.

Se fue Edwards, que aportó como nadie desde del mundo civil, a la permanente fronda aristocrática, pero que se tiño de militar en 1973 como fronda golpista.

Se fue Edwards y no merece ni un minuto de silencio del pueblo de Chile.

Por Ricardo Rubilar Parra
Profesor de Historia y Geografía

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